LOS LÍMITES
Han sentido la sensación de perder su libertad? Yo sí, y fue horrible!
El ego
Cuando salí de Colombia, salí con muchas expectativas, especialmente de lo que creía que era yo y de mis capacidades, me sentía tan fuerte, tranquila e indestructible mentalmente, y resultó ser que había un lado totalmente inexplorado en mí que no conocía.
Así eran las cosas cuando llegué
Me sentí con suerte, cuando llegué ya tenía un trabajo, ese trabajo era como mesera (por primera vez en mi vida), no sé cómo logré hacerlo, porque no sabía ni como decir cuchara , cuchillo o tenedor en inglés. Una buena persona, me los dibujó en un papel cualquiera y les puso el nombre debajo, así empecé a aprender inglés el segundo día que llegué a la isla.
Me "entrenaron" para ser la mesera de un restaurante nuevo que abrirían. Mi jefe, el administrador de ese nuevo restaurante, era un tipo de 34 años que parecía de 45, neurótico, de cambios emocionales muy bruscos y a veces agresivo.
Vivir con miedo
Para poder permanecer en la isla, la empresa en la que trabajas debe aplicar ante el gobierno por tu permiso de trabajo y prácticamente, tu quedas ligado a ellos hasta que lo aprueben, si luego quieres volver a cambiar de trabajo tendrás que hacer el mismo proceso, ya que es costoso y también tendrás constantemente la preocupación de que ellos se cansen y te saquen (lo que te doblega aún más) es algo que evitarás. A unos solo les tarda un par de semanas, a mi me tardó cuatro meses! Cuatro meses ligada a esta empresa sin poder retirarme! Así que aquí estaba yo, sin poder expresarme, sin poder cambiarme de trabajo y sin poder salir de la Isla.
El día a día
Cómo era de esperarse la experiencia día a día fue desafiante, alrededor de la situación habían muchas más arandelas que en otra oportunidad les contaré, por ahora pueden imaginarse que si a veces cometemos errores cuando nos explican los procedimientos en español, yo cometí muchos (pero muchos más) porque no entendía ni papá en inglés. Bueno, "potato" yes.
Entre los gritos rutinarios en frente de los clientes, las veces que me quitó agresivamente las cosas de las manos o me empujó para hacer las cosas que yo no entendía y los episodios graves como la vez que me agarró la nalga o el día que me pegó en la cara con el menú, pasó el tiempo. Para ese momento ya era invierno, así que al mejor estilo de las películas de inmigrantes, más de una vez regresé a mi casa llorando desde el trabajo caminando bajo la lluvia (ahora me acuerdo y me da risa jaja).
La gota que rebosó el vaso
Un día empezó a decir que todos los trabajadores en el restaurante éramos estúpidos incluido él, así que nos hizo repetirlo, yo no estaba de acuerdo, pero lo hice. Aunque parezca tonto, para mí después de tantos malos momentos, esa fue la gota que rebosó el vaso, verme a mi y a mi compañeros haciendo lo mismo solo para tener algo de paz, para no llevar la contraria, para evitar discusiones, para preservar un empleo. Algo dentro de mi se rompió, creo que fue mi corazón, sentí que había permitido demasiado, que me estaba fallando, que ya no tenía fuerza.
Había perdido mi libertad, quería gritarle mil cosas pero no podía, mi inglés no me permitía expresar mucho, era como estar encerrada dentro de mí misma, también encadenada a la empresa y sin posibilidades de salir de la isla porque al haber estado más de 3 meses en Europa debía obtener mi permiso de trabajo para poder moverme legalmente. Ese día lloré tanto cuando llegué a mi casa, había tenido horarios de trabajo de 13 horas seguidas con solo 3-4 horas de sueño entre ellos, en una rutina de gritos, malos momentos, miedo, ansiedad. Mi cuerpo no daba más, mi cabeza tampoco y mi corazón menos. Esa noche, por primera y única vez en mi vida tuve un ataque de ansiedad.

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